martes, 20 de julio de 2010

La mirada de los niños


A finales de Julio el metro de Madrid arde, es una sauna y a la una de la tarde ya es un infierno. Esta mañana yo tenia ante mi 45 minutos de viaje por el centro de la tierra, los que separan mi casa de la casa de mi madre si el trayecto lo hago en metro. Juro que de haber tenido 20 euros los hubiera gastado en taxi, pero ni los tenia esta mañana, ni ahora los tengo. Decidí pues buscar mi bolso de playa porque es el mas grande que poseo y metí en él lo que considero mi equipo básico de salvamento. A saber: Una botella grande de agua congelada hasta la mitad para poder rellenar el resto con agua del grifo y que el hielo la mantenga fresca, un abanico, un libro, mi ipod para desconectar del ruido y un chal por si tengo suerte y entro en un vagón en el que hace fresco. Una vez hecho esto me puse en camino. En el segundo transbordo me senté al lado de una niña muy guapa y de aspecto extranjero que intentaba entretener a su hermana pequeña infructuosamente, su madre sentada enfrente de mi se turnaba con la hija para sujetar a la pequeña imposible de calmar. Metí las narices en mi libro, subí el volumen de la música y me olvide de ellas. Cuatro horas mas tarde, después de disfrutar de la comida de mama volví al subsuelo madrileño. Al entrar en el vagón de la segunda linea, fui a recostarme sobre la pared porque no había un sitio libre y allí estaban de nuevo la mama y las niñas rubias. Recuerdo haber dicho en voz alta ¡no me lo puedo creer! y ver como la mujer reía francamente mientras le pedía a su hija mayor que me cediera el sitio. Me senté agradecida y entablamos una conversación, me dijo que se había fijado en mi bolso de playa, la extraño muchisimo en un sitio tan lejos del mar, "el metro de Madrid no llega tan lejos" me dijo. Nos reímos las dos mientras la niña que estaba en sus brazos me miraba fijamente, una encantadora pequeñina de tan solo catorce meses, muy grande para su edad y de nombre Verónica. Eran de origen polaco y la madre me confeso que aunque la niña hablaba algo no sabían si lo hacia en polaco o español porque no se entendía nada , pero conmigo quiso jugar con las palabras desde el principio, si le decía "ojo", señalaba el suyo y el mio, el cabello, las orejas y la boca siguieron a esa primera palabra y después con la sonrisa mas picara que he visto jamas saco la lengua y yo dije "lenguaaaa" alargando teatralmente la palabra y sacando la mía al mismo tiempo y fue entonces cuando la pequeña Verónica se abrazo a mi.
Como el viaje era largo mi bolso se convirtió en un cofre de tesoros donde encontrar una hoja rosa desprendida de mi agenda ante la mirada atónita de su madre que temía por la integridad de mis pertenencias. La misma mujer que muy sorprendida me confeso que su hija siempre llora con extraños, que esconde la cabeza y no quiere hablar, también me confeso su deseo de que la niña encontrara una maestra como yo cuando en Septiembre empezara el colegio. Después de los últimos días que he pasado, ese comentario fue un regalo para mi espíritu, me recordó que a las personas hay que mirarlas como miran los niños, antes de que les llenemos de miedos y de prejuicios, para saber como son de verdad.
Por otro lado, lo que la mama de Verónica no sabia, es que mi oficio es llegar al corazón de las personas, ver mas allá y hacerles soñar. Una niña pequeña me ha demostrado esta tarde que a pesar de mis errores aun soy capaz.

3 comentarios:

tia elsa dijo...

Es la sabiduría innata de los niños, que bella experiencia has vivido, me alegro que te haya hecho sentir bien. Besos tia Elsa.

SOMMER dijo...

Uno no sabe donde va a encontrar la alegría del día. Lo que si está claro, es que con niños, todo es más fácil...

Besos

Sensaciones dijo...

mi niña, eres capaz de llegar al corazón de las personas y mucho más... a mi, me calaste hondo
un besazo preciosa!!!