
Hace tiempo en una clase de locución tuve que leer un texto que no llevaba firma. Hablaba de un hombre ciego, que apoyado en la baranda de un puente de París pedía dinero para sobrevivir. Se había colocado delante un platillo y un letrero donde alguien le había escrito: Una limosna por caridad, soy ciego.
Era el mes de Abril y los primeros rayos de sol le calentaban las manos y la cara. Sentía como la gente pasaba de largo y de vez en cuando una moneda caía en el platillo. Al final de la mañana se paro delante de él un joven poeta. El joven tampoco tenia dinero ni para comer, pero miro al ciego con dulzura, cogió su letrero y escribió algo en el. Tal y como había llegado sin decir una palabra se marcho de allí, pero desde ese momento las monedas comenzaron a caer en el plato de la limosna y el viejo ciego estaba tan sorprendido como feliz. No lo podía creer. Al caer la tarde una muchacha se paro frente al hombre para dejarle ella también unas monedas. Aprovechando la ocasión el viejo pregunto si le podía leer lo que ponía el letrero.
¿No lo sabe?_ le pregunto la muchacha a su vez.
No_ respondió.
Esta bien, le dijo la chica, pone: "La primavera a llegado a Paris y no la puedo ver"
Este sencillo relato que en su día me conmovió al punto de no haberlo olvidado, a tomado forma esta mañana, cuando mi amigo Aitor me mandaba en un mail este vídeo que se presento a concurso en Cannes. Yo no lo conocía, pero salvando las distancias de paises y poetas aquí esta la historia de un letrero.